¿Qué hay detrás de una cadena de Whatsapp?

Las elecciones legislativas y presidenciales de Colombia están llegando a su punto más álgido. Se han visto agresiones, acusaciones y provocaciones desde cada ala del espectro político. Sin embargo, las elecciones 2018 tienen algo diferente a las pasadas: la unión de dos fenómenos que se han complementado perfectamente: las fake news y las cadenas de Whatsapp. Y esto no es algo menor. O como lo explicó el portal de noticias humorísticas Actualidad Panamericana en una columna de opinión: “El que cada vez más tías tengan WhatsApp está marcando un antes y un después en la historia de la humanidad, y es en serio”.

Y es que para que un mensaje se viralice no tiene que ser verdadero. Esto lo explica Jonah Berger en su libro Contagious: Why Things Catch On, en el que analiza por qué algunos contenidos se “contagian” masivamente entre las personas. Berger habla de seis principios que son comunes a las ideas exitosas en expandirse: enriquecimiento social, detonante, emoción, público, valor práctico e historias. Una noticia, marca, idea o personaje puede explotar “viralmente” con cualquiera de estas características o varias a la vez. Y las cadenas de Whatsapp son tan exitosas porque justamente pueden adaptarse a cualquiera de ellas.

Por ejemplo, aquella que dice que el gobierno cubano está financiando la nacionalización de venezolanos en Colombia para instaurar el comunismo por medio de sus votos en las próximas elecciones. La cadena se ha viralizado, ¿pero por qué? Y aquí es donde las seis características de Berger se vuelven útiles, pues explican la razón por la que miles y miles de personas comparten un contenido como este. Y no es necesariamente por una combinación de malas intenciones e ignorancia.

El primero de los principios de Contagious es el enriquecimiento social: compartimos cosas porque nos hacen lucir inteligentes, despiertos, enterados. Advertir que países extranjeros quieren destruir la democracia colombiana es jugar al papel del héroe. Es decir “yo estoy enterado”. Es demostrar que no se es “bobo” ante amigos, familiares y colegas. Sin embargo, también hay un factor importante: el detonante. Esa chispa adecuada que hace que alguien pase de la inacción a hacer algo. En el caso de esta cadena de Whatsapp es la conexión entre unos supuestos venezolanos y aquello que se ha llamado “castrochavismo”. El castrochavismo es el detonante que con su mera mención motiva a compartir.

Pero una cadena como esta también tiene emoción. Los que las crean saben que se difundirán porque la indignación es una de las emociones que más mueven a la gente. ¿Venezolanos traídos para interferir en las elecciones? ¿Y les pagan? ¿Que les dan arriendo y mercado? Son todas piezas puestas para indignar. Para que alguien sienta “algo”. Y emociones como la risa y el amor son tan poderosas como la indignación y la rabia. La clave está en que sean emociones extremas. Y estas emociones pueden llegar gracias a que internet y Whatsapp, en teoría, son públicos: cualquiera puede acceder a ellos y cualquiera puede imitar la acción de compartir. Una idea o producto (o en este caso, rumor) no puede expandirse si su naturaleza es privada: el que cualquiera pueda hablar y enterarse hace del factor público el abono necesario para que crezcan las cadenas de Whatsapp.

Finalmente, el libro de Berger habla del valor práctico y las historias. El primer principio se refiere a que la información de estas cadenas, a pesar de su falsedad, parece útil. Sirve para algo aparente: salvar la democracia, evitar fraude, impedir que un modelo político sea impuesto. Compartimos algo porque sentimos que es información práctica que nos hace útiles. Por su parte, el segundo valor quizá sea el más importante de todos.  Como dice Berger “la gente no comparte información, se cuenta historias”. La cadena de Whatsapp que hemos analizado, y cualquier otra, probablemente no tendría el mismo impacto sin un argumento y sin personajes. Están los villanos (el gobierno cubano, los venezolanos, los colombianos “apátridas” que permiten que eso suceda). Está la princesa, la democracia colombiana que está en peligro de ser raptada. Y está el héroe, cada persona “capaz” de reenviar la información. O de contarle a otros la historia del malvado ejército venezolano de votantes falsos.

Berger a lo largo de Contagious recuerda que compartimos cosas porque somos humanos. Y como humanos queremos sobrevivir de la mejor manera posible en el mundo. Las cadenas Whatsapp son una herramienta de supervivencia: son un placebo en contra de la incertidumbre. Dan un sensación de sentido, de misión, de que algo se está haciendo al decirle a los demás que un mal se avecina y que se puede evitar con compartir un mensaje. No importa si es verdadero o falso. Como Berger resalta, hablar y compartir son de los comportamientos más fundamentales porque “nos moldean y hacen humanos”. Y quien idea una cadena de Whatsapp falsa sabe eso: que con un poco de astucia su historia sea hará viral porque la gente ha evolucionado para compartir datos con los demás.  Es el titiritero y los demás sus marionetas virales.

Contagious: Why Things Catch On, Jonah Berger. Editorial Simon & Schuster, 2016.

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